Por: Redacción

El andar de Federico Álvarez Arregui (San Sebastián, España, 19 de febrero, 1927) en el ámbito académico y universitario, su trabajo como editor y su estilo literario, fueron aspectos abordados por los escritores Elena Poniatowska, Hernán Lara Zavala y el investigador Ambrosio Velasco, en la mesa-homenaje Testimonios: Federico Álvarez, a siete décadas de su encuentro con México,realizada en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes.

Tras ser considerado un hombre destacado y lúcido, y una de las mejores figuras académicas que el exilio español pudo traer a México, el escritor, traductor, editor y crítico literario se dijo conmovido del acto, el cual calificó de “tortura”, pues no era soportable recibir una ronda de elogios por parte de los amigos, “lo importante no es eso, sino que nos queramos”, expresó.

Con la voz entrecortada, señaló que en sus casi 90 años ha tenido una vida estupenda, con muchísimas satisfacciones y desazones, pero que le hubiera gustado haber vivido como Kant. “Estar en el mismo lugar, en una misma casa, en una misma ciudad, con los mismos amigos, mismas horas para ir a la universidad y volver”, al tiempo que manifestó que su tierra es México y su casa la Universidad Nacional.

En tanto, Elena Poniatowska dijo que Federico Álvarez es uno de los profesores más queridos y admirados por los alumnos de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. “Dicen que las discusiones con él son una delicia y que su sentido del humor ayuda a comprender conceptos filosóficos que de otra manera serían insoportables”.

Comentó que a sus 89 años es uno de los académicos más destacados que el exilio español trajo a México, país que él considera suyo y se enorgullece de tener. “Desde que llegó no ha hecho más que entregar lo mejor de sí a los escritores, lectores, alumnos, colegas y amigos”, refirió.

La autora de Las noches de Tlatelolco lo describió como un hombre generoso y noble ante cuya imagen de bondad es imposible permanecer indiferente. “Es un hombre incapaz de hacer una trampa, negocio o maltratar a alguien. A sus casi 90 años irradia una inteligencia y amplitud de criterio poco frecuentes, es convincente y apasionado”, apuntó.

Para Hernán Lara Zavala, Federico Álvarez representa al gran profesor sin ningún tipo de presunción, hipocresía o sobrevaloración, con agilidad y fortaleza al dar clases.

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“No es un profesor de fácil convencimiento, pero aún con eso, todos los alumnos lo quieren, respetan y recuerdan. También su trabajo como editor es reconocido, así como su labor en Siglo XXI y la Revista de Bellas Artes. Es un excelente corrector y redactor; la parte del escritor lo disfruté con Vaciar una montaña: 134 glosas y su libro de memorias Una vida. Infancia y juventud, donde hay un gusto literario, buena prosa, precisa y didáctica”.

Dijo que Federico Álvarez ha ejercido un bajo perfil, lo que no quiere decir que su grandeza sea menor. “Me siento contento, agradecido y beneficiado con tu sabiduría, amistad, modestia y decencia”.

Después de su estancia en Cuba, Federico Álvarez llegó a la Ciudad de México en 1947, ingresó a la carrera de Letras en la UNAM. Se licenció en Letras en 1965 y regresó a Cuba para impartir clases en la Universidad de La Habana. En 1971 viajó a España donde lo nombraron director del Fondo de Cultura Económica. En 1982 regresó volvió a México e hizo estudios de posgrado en Letras hispanoamericanas y filosofía. Ha sido profesor en la Facultad de Filosofía y Letras, además de impartir cursos de historia de la literatura, teoría literaria y semiótica. En 2003 recibió el Premio Universidad Nacional en el área de Docencia en Humanidades.

El Consejo de Estado de la República de Cuba le impuso la Medalla de la Amistad entre los Pueblos en 2004 y dos años más tarde la Distinción por la Cultura Nacional.