Tercera y última parte

Textos e imágenes por: Roberto Barco Celis

Vivir, aunque fuera por un rato, en los intestinos de los talleres de mantenimiento y reparación del Metro parecía una experiencia agradable, donde la tecnología y el trabajo arduo sería la constante, sin embargo, la realidad fue otra: pasto crecido, materiales destruidos por su estancia a la intemperie, decenas de vagones abandonados, saqueados, carentes de piezas durante muchos meses, personal sin herramientas ni refacciones.

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