Por: Redacción/

¿Cuánto ha crecido y avanzado desde los diplomados que cursó en la UNAM hace 30 meses?: casi 10 centímetros de estatura y seis años de escolaridad.

Carlos Santamaría se encontró con medios de comunicación, y frente a decenas de cámaras no perdió su característica de infante, todo lo membretó con una risa subrayada. Su infancia nada la vulnera, ni la celebración por sus aptitudes ni su actividad favorita: las ciencias.

En la décima de las 40 preguntas respondidas en igual número de minutos, el nuevo alumno de la licenciatura en Física Biomédica de la Facultad de Ciencias (FC) fue propositivo: “una de mis intenciones o responsabilidades sociales para con la UNAM es el proyecto de abrir un grupo de niños como yo, ofrecer una prueba para todos los que con estas características se quieran examinar; también quiero transmitirles lo que sé, pero no como un profesor, sino para ayudarles”.

Carlos buscará el apoyo y creación de un grupo para niños con alta capacidad cognitiva, porque a su edad y el atribulado camino que ha recorrido le queda claro que para México, la falta de educación es el problema.

“Estamos en una situación complicada, que no es difícil de explicar: estamos no en un hoyo, sino en una tormenta. No estamos bien orientados, ni yo; uno de los principales problemas es la falta de educación. Quiero ver si puedo encontrar a más personas como yo, que deseen y puedan ayudar al país”.

El sistema educativo, continuó, está caduco por la forma de enseñar; incluso los profesores empiezan a aburrirse de lo que enseñan. Lo que se necesita es un sistema educativo que no sea sólo un flujo de profesores a los niños, que los alumnos no aprendan desde un remitente fijo, sino que ellos mismos descubran y entiendan las cosas.

“Dos más dos puede ser igual a cinco, ¿por qué no pueden dos moléculas reaccionar y terminar en cinco? Tanto en matemáticas como en biología se deben dar tanto demostraciones prácticas como teóricas, pero sobre todo en los niños usar un tono divertido. Tenemos que darle una nueva cara a la educación, que no sea esa institución rígida que nada más llena tu cerebro de cosas, un lugar en el que vas a descubrir nuevas cosas”, afirmó.

Con ciencia

En la Sala 1 del Consejo Universitario de la Torre de Rectoría, Carlos dijo ante la mirada plácida de sus padres, Arcelia Díaz y Fabián Santamaría, que más que conmoverse, le impresiona el grado de conocimiento e ignorancia, a la vez, al que hemos llegado como especie.

“El poder de destruirnos a nosotros mismos, a la vida. Me impresiona hasta qué punto la ciencia y tecnología rigen nuestras vidas, pero también que haya personas que las ignoren o no estén interesados en ellas. Si no les gusta la ciencia, no saben de lo que se pierden”, sonrió.

“Si estás vivo, ¿cómo no puedes interesarte en cómo funcionas?, para mí la ciencia significa un arma de doble filo: es la llave para el avance o para la destrucción, para la opresión; es una de las llaves para la felicidad de muchos, si comprendes cómo funciona tu entorno es más fácil que seas feliz con él”.

A pregunta expresa sobre qué le diría al virtual Presidente electo de México, Carlos dijo sin timidez: “que no cometa los mismos errores de sus antecesores, que no provoque revoluciones ni nada por el estilo”, y que apoye la creación del referido grupo de niños con alto nivel cognitivo.

“A los (nuevos) diputados les diría que se ocupen del país como se ocupan de ellos, que hagan más que los anteriores legisladores y que piensen en la nación como un todo”.

El pequeño se considera preparado mentalmente para todo lo que venga, pues no le intimida el trato con alumnos adultos, “porque yo voy a aprender, la interacción será después”.

Asimismo, anunció que a la par de sus clases presenciales, en octubre iniciará la carrera de Físico, en línea en la Universidad Española a Distancia, “para complementar una con la otra”.

-“¿Carlos tú te consideras un ‘niño genio’?”
-“No me gusta usar esa palabra… soy feliz” (Ríe).