Por: Redacción/

Territorios que en un momento fueron comunes, cotidianos y propios se desvanecieron en el tiempo, aunque la memoria los hace perdurables y un recorrido en abstracto permite significarlos de manera distinta, de tal suerte que al conjuntar todas las visiones posibles surge de entre el olvido una pieza de arte que es también un archivo histórico.

Retrospectivo-poniente documenta experiencias de los miembros de la Unidad Cuajimalpa de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) al emprender la mudanza hacia la sede definitiva, luego de varios años de transitar por instalaciones académicas ajenas, en un proceso que –más allá de la ilusión, el sueño y el drama– dejó entrever rasgos de distinta naturaleza en un ejercicio que humanizó el traslado.

Yury Forero reconstruyó mediante entrevistas un pasado colectivo vinculado a un espacio físico, en una obra artística centrada en aspectos relacionales para indagar en torno a los sitios abandonados por el cambio a la nueva sede.

“Abarqué todo tipo de personas vinculadas a la UAM: alrededor de 80 vecinos, trabajadores, alumnos, directivos y proveedores que cuentan sus vivencias, historias emocionales en las que en general sobresalen los conceptos de identidad, arraigo, pertenencia y entendimiento respecto de los procesos de una institución”.

Los testimonios revelan miedos e incomodidades, por lo que la muestra –ubicada en la Sala de Exhibición– complementa la sensibilidad con artículos en desuso tomados de las bodegas de ese centro de estudios, mientras en las paredes destacan textos rescatados de las actas de gobierno que datan de cuando el inmueble estaba en la etapa de planeación.

Impresoras, monitores de PC, cafeteras, engargoladoras, ventiladores, videocámaras y laptops, entre otros elementos, yacen en el suelo, de donde es levantado un par de pantallas para proyectar videos testimoniales que, a lo largo de cuatro horas, ofrecen narraciones personales que dan paso a una expresión de voces.

Invitado para crear este proyecto –que permanecerá abierto hasta el 31 de octubre– el especialista en el desarrollo-objeto, performance e instalación reveló que los diálogos demostraron que el cambio ha sido positivo, pues “varios de los edificios provisionales impedían la socialización por su tamaño y a veces la vida universitaria es llevaba a cabo en los salones o afuera, pero lo más significativo se daba en las escaleras o el elevador”.

El mobiliario y la arquitectura configuraron formas de asociación y, como una pieza esencial, la tecnología logró “la cimentación de una plataforma que habilitó la enunciación que no se limitó a lo textual, pues lo visual da cuenta de una tarea teórica que abrió paso a una teatralidad particular”.

La relevancia de este ejercicio para la comunidad de la Unidad Cuajimalpa reside en la posibilidad de que un externo se convierta en mediador de las vivencias y saberes con un propósito positivo, pues “creo que ser vulnerable es bueno, pues afloran instancias simbólicas interesantes de estudiar en lo cultural, más que en lo académico.

“Las ciencias humanas han hecho una instrumentalización de las artes, por lo que el trabajo de campo puede ser mapeado a través de la fotografía o el dibujo utilizados en la construcción de cartografías y en este caso exploramos la edificación del lugar universitario y a quienes habitaron la Unidad”.