Por: César H. Dorado/

Si bien la lectura debería de ser un hábito hecho por todos en cualquier época del año, las diferentes festividades en México nos hacen recordar títulos que son imperdibles por su profundidad literaria, su crítica o bien, porque describen algún elemento cultural de la población que, pese al paso del tiempo, siguen impregnados en las personas.

Ahora que llega el Día de Muertos, Halloween y el COVID-19 hace que las medidas de seguridad restrinjan reuniones y aglomeraciones para prevenir contagios y muertes, la lectura es una excelente alternativa para pasar estos días, donde podemos ir desde el terror y el suspenso, hasta el folclor literario.

“Frankenstein” (1823) de la escritora británica Mary Shelley, es un clásico de la literatura universal que siempre retoma su importancia durante estas festividades a través de películas y animaciones. La novela escrita en una noche por Shelley, narra la historia del Doctor Frankenstein, quien da vida a una criatura a partir de la unión de materia inerte.

El “monstruo” va desarrollando lenguaje y se va enfrascando en conflictos existenciales que lo llevan a preguntarse el por qué su padre lo creó y lo desprecia, por qué no puede ni siquiera tener un hombre, ejemplificando la crisis social por la que atravesaba la población inglesa de finales del siglo XIX, siendo el desarraigo y la soledad los principales factores de su frustración.

Otro par de clásicos adentrados en las criaturas sobrenaturales son “Carmilla” (1872) de Sheridan Le Fanu y “Drácula” (1897) de Bram Stoker. Ambos autores irlandeses incursionaron en el mundo del terror, siendo el vampirismo su principal fuente de inspiración. Sheridan narra una historia ambientada en Estiria, si bien no se ahonda de manera completa en el vampirismo, la personalidad de Carmilla comienza a teñirse de los elementos clásicos de uno de los personajes clásicos en la literatura de terror, el vampiro.

Por otro lado, la obra de Stoker es una de las novelas que catapulta y perfila de mejor manera la narrativa de terror por su descripción de espacios lúgubres, más la creación del Conde Drácula, personaje que dio lugar a una larga lista de hombres vampiro en películas, obras de teatro, series y hasta comics.

En el ambiente nacional, encontraremos novelas como ““Las visitaciones del diablo” (1965), novela del escritor y director de teatro Emilio Carballido. En este texto, la atmósfera fantasmal en el que vive la familia Estrella, deshace los parámetros del mundo ficticio con el real, pues las pasiones y el amorío de sus protagonistas se va encapsulando en un “folletín romántico”.

Las visitaciones del diablo no es obra grotesca del género de terror, pero esas visitas de seres espectrales en situaciones tan comunes, hacen que el lector comience a sentirse encapsulado dentro de la propia trama, ya que no existen monstruos, sino humanos malvados.

Otra obra que no debe de perderse de vista es “Pedro Páramo” (1955) de Juan Rulfo, ya que la descripción de los escenarios desérticos, el folclor mexicano y los personajes que deambulan en el pueblo de Comala, hacen que el suspenso no hiele la sangre, sino que encapsula al lector en un ambiente “murmullos”, percibiendo la muerte y la convivencia con los muertos desde otra perspectiva.

El tiempo y el espacio en Pedro Páramo se pierden, ya que realmente son las voces de sus personajes, quienes cuentan su vida y también su muerte. Por ello, no dejamos de fuera la gran obra de Juan Rulfo que, sigue siendo un misterio cada vez que se lee.