Por: Redacción/

Los trastornos de sueño constituyen un problema de salud pública en México, donde cada vez más gente duerme menos por cuestiones sociales o laborales, una problemática incluida entre las epidemias de la sociedad contemporánea debido a que la restricción del mismo “está asociada al aumento en los casos de cáncer, diabetes, hipertensión y obesidad, entre otras enfermedades”, alertó la doctora Guadalupe Terán Pérez.

El síntoma más común es el insomnio –definido como la incapacidad para conciliar o mantener el reposo o simplemente la sensación de no tener un buen sueño– y seguido por el ronquido, que puede ser indicio de dificultades respiratorias, aunque “antes se creía que era normal y ahora sabemos que sucede porque no estamos respirando de manera correcta afectando, tanto la salud como la forma de descansar”.

Otros males están relacionados con el ritmo circadiano, es decir, que los pacientes duermen suficiente tiempo, pero en horarios inadecuados, por lo que en ciertos casos experimentan somnolencia, cansancio, irritabilidad y alteraciones en el funcionamiento diurno, explicó la especialista de la Clínica de Trastornos de Sueño de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

Los ancianos tienden a acostarse más temprano, mientras que los jóvenes suelen hacerlo más tarde, pero en ambos casos los horarios resultan poco adecuados social y biológicamente, lo que redunda en una menor calidad de vida, precisó la coordinadora de Atención Clínica de ese centro de apoyo e investigación universitario.

Otras complicaciones son las parasomnias –caminar, gritar, llorar o hablar– conductas presentes durante el sueño –sobre todo en niños y adolescentes– que en general son benignas y desaparecen solas, y la somnolencia excesiva diurna o incapacidad para estar despierto en condiciones normales, cuyo origen puede ser de tipo central, como la narcolepsia, caracterizada por pequeños ataques de sueño incontrolables y de corta duración con parálisis del mismo y ensoñaciones en las siestas diurnas.

En México 30 por ciento de la población sufre de algún padecimiento del tipo: tres de cada diez personas tienen síntomas que van desde dormir mal hasta hacerlo en exceso, “contabilizándose cerca de 80 enfermedades”, por lo que el tratamiento que se prescribe depende de la circunstancia de cada quien y los métodos más utilizados son los conductuales, dirigidos a mejorar los hábitos, y las técnicas de relajación y reestructuración cognitiva.

“En la medida en que generemos más información sobre el impacto de no descansar, los trastornos presentes y las opciones terapéuticas”, la salud de los mexicanos podría mejorar, afirmó la doctora Terán Pérez.

Cuando existe un mal respiratorio severo –como la apnea obstructiva de sueño, caracterizado por ronquido intenso con pausas en la respiración y despertares con sensación de ahogo– se emplea el equipo de presión aérea positiva (CPAP, por sus siglas en inglés), que consiste en colocar una mascarilla en la cabeza cubriendo nariz y boca para que entre aire a presión y se abra la vía aérea colapsada.

Además se hacen procedimientos dentales a quienes reportan malestares por bruxismo –rechinido de dientes– o por apretar la mandíbula, que se manifiesta con contracciones rítmicas de esa parte del cuerpo y requiere del uso de una guarda dental que protege y contiene la fuerza para evitar daño de las articulaciones.

Otro tratamiento dental consiste en un dispositivo de avance mandibular necesario en pacientes con apnea obstructiva de sueño leve o moderada. También existen perturbaciones de movimiento: el síndrome de piernas inquietas y el trastorno de movimientos periódicos de las extremidades; en el primer caso son experimentadas sensaciones desagradables de ansiedad, calor u hormigueo, corregidas al desplazar o frotar las extremidades inferiores.

En el segundo, los sujetos mueven repetida e involuntariamente las piernas sin estar conscientes de ello, un inconveniente imperceptible que deriva en dormir de manera fragmentada y es causa de insomnio, que puede ser contrarrestado mediante terapia psicológica –recomendable también contra las pesadillas– en casos vinculados a la ansiedad, por lo que el trabajo multidisciplinario es significativo.

Los seres humanos dedican una tercera parte de la vida a dormir, un periodo en el que “ocurren en el organismo actividades biológicas relevantes: fortalecimiento del sistema inmunológico; síntesis de proteínas”, y consolidación de procesos de aprendizaje y memoria, ya que el cerebro se desintoxica, limpia y tiene ahí condiciones favorables para la maduración.

La Clínica de la UAM, que tiene entre sus objetivos continuar los estudios sobre la función y los trastornos del sueño, así como los tratamientos para éstos, trabaja en la formación de recursos humanos y en la divulgación de los resultados de sus indagaciones, dentro y fuera de la institución.

“Mantenemos proyectos sobre el efecto de la terapia cognitivo conductual, pues con ella es manejado el insomnio y hemos comprobado que mejora el descanso y se producen ventajas en las funciones ejecutivas y cognitivas de los pacientes”; una investigación en personas con Síndrome de Down “ha reportado que las intervenciones tempranas a través de la estimulación de la vía oral fortalecen los músculos, ayudando a la respiración, la deglución y el lenguaje”.

La obesidad y el estrés oxidativo son materia de análisis entre la población escolar y preescolar a partir de estimulación magnética transcraneal, “una técnica novedosa en la que es colocada una bobina sobre la cabeza para modificar la actividad eléctrica cerebral y es empleada contra el insomnio y otros problemas neurológicos y psiquiátricos”.

En adultos usuarios de inhalantes “valoramos patrones de descanso, alteraciones psiquiátricas y funciones cognitivas” debido a que es necesario saber si el consumo de esos productos alteran el dormir o generan cambios estructurales en el sistema nervioso central.

El grupo de la UAM está interesado en abordar temas sobre las neurociencias, por lo que ha establecido vínculos con otras instancias, por ejemplo, el Instituto Nacional de Pediatría, donde “hay casos de males neurológicos del tipo de la epilepsia, ya que buscamos tratamientos nuevos y conocer más sobre las enfermedades para brindar una mejor atención”.

La Clínica de Trastornos de Sueño –ubicada en la Unidad Iztapalapa– inició actividades en 2004 fundada por el doctor Javier Velázquez Moctezuma, académico interesado desde hace años en este campo quien para complementar los proyectos ha desarrollado investigación básica y clínica junto con las doctoras Yoaly Arana Lechuga y Terán Pérez.

Con el tiempo se han adherido especialistas para la atención integral, por lo que el lugar cuenta con las áreas de otorrinolaringología, neurología, psicología, odontología y psiquiatría, así como con consultorios, habitaciones y un sitio para llevar a cabo seminarios e impartir clases.

Al año recibe alrededor de 300 pacientes de cualquier edad, ofreciendo descuento a las personas de la tercera edad y miembros de la comunidad de la UAM; efectúa 250 estudios polisomnográficos y en sus instalaciones convergen alumnos y profesores de licenciatura y posgrado.