Por: Israel Mendoza Pérez/

Dobleces

La sorpresiva captura del exgbernador de Chihuahua, César Horacio Duarte Jáquez, en un suburbio de Miami, Florida, es apenas el inicio de la hebra de una compleja trama de manejos financieros, corruptelas y añejas complicidades.

El mandatario gobernó a manos llenas, se hizo de una multimillonaria fortuna, adquirió inmuebles costosos, empresas y ganado; hasta le alcanzó para tener intereses personales incrustados en el Banco Unión Progreso. Sin embargo, sus movimientos necesitaron todo el tiempo de un autor que se moviera a trasmano del poder.

Fue así que el exgobernador de Chihuahua, César Duarte, encontró en su exsecretario de Hacienda, Jaime Ramón Herrera Corral a la persona idónea para administrar las finanzas del estado y tener al mismo tiempo un asesor financiero para complacer su vida de sibarita.
Denuncias contra el exmandatario hay por distintos frentes, el PAN y el actual gobernador de Chihuahua, Javier Corral se encargaron de documentar una serie de delitos en los que estaba inmiscuido Duarte Jáquez. Sin embargo, existe una querella en la que se señala también a Jaime Ramón Herrera Corral a quien se le relaciona directamente como el artífice de los movimientos turbios del exmandatario.

Jaime Herrera Corral violó el artículo 23 de la Ley de Responsabilidades de los Servidores Públicos de Chihuahua. En la fracción I del citado artículo se señala que todo servidor público debe: “cumplir con la máxima diligencia el servicio que le sea encomendado, y abstenerse de cualquier acto u omisión que cause la suspensión o deficiencia de dicho servicio o implique abuso o ejercicio indebido de su empleo, cargo o comisión”.

Al estar encumbrados en el poder, Herrera Corral aprendió a moverse con derecho de picaporte y sus movimientos financieros turbios fueron autorizados por Duarte Jáquez. Así la complicidad y los exesos se hermanaron, ejemplo de ello fue que gastó en obra pública 17 mil 772 millones de pesos, pero recibió financiamientos por 24 mil 697 millones de pesos, por lo que quedaron sin esclarecer 6 mil 925 millones de pesos de los que no existió justificación, causa o registro de que se hayan utilizado para el gasto público.

Y es que Jaime Ramón Herrera Corral fue también representante legal del Banco Progreso, el conflicto de intereses fue encubierto por el gobernador. A final de cuentas, Duarte Jáquez aportó 65 millones de pesos al fideicomiso del capital bancario de esta institución. Así que el gobernador fue mandatario y banquero al mismo tiempo. Y su exsecretario de Hacienda el cerebro financiero. Incluso, en 2014 se detectaron 342 transferencias del gobierno de Duarte Jáquez directos a las arcas del Banco Unión Progreso, las operaciones alcanzan los 80 mil milones de pesos. Dinero que salió de las complejas operaciones financieras manipuladas desde la oficina de la secretaría de Hacienda del estado.

La institución financiera que buscaba encontrar oportunidad en su modelo de negocio en el nicho de créditos agrícolas y agropecuarios fue distorsionada durante el duartismo por la influencia que Jaime Ramón Herrera Corral mantuvo sobre la estructura del banco gracias a las puertas que le abrió el ahora detenido y extraditable César Duarte.