Por: Redacción/

Una manta monumental cubrió la Plaza de la Constitución, mientras los transeúntes se detenían a mirar los mensajes que mujeres de México y otras partes del mundo plasmaron, destacando la frase Todas somos una, tejida con hilos de colores, en contraste con el gris del pavimento del emblemático sitio, que por un día se convirtió en un gran lienzo para un arte de protesta.

Minutos después de las 11:00 horas del domingo 26 de enero se formó un gran círculo con las participantes de un sueño colectivo, un anhelo de paz y justicia en tiempos en los que la violencia apresa cuerpos y esperanzas.

Ellas respondieron al llamado del proyecto Patchwork. La manta de curación: pieza por pieza y de país en país (The Patchwork healing blanket: piece by piece and country by country), ideado por la activista Marietta Bernstorff, junto con el colectivo Mujeres Artistas y el Maíz (MAMAZ) de Oaxaca.

Artistas visuales, amas de casa, estudiantes, artesanas, activistas, madres y hermanas se tomaron de las manos y celebraron la solidaridad y el trabajo que realizaron, con apoyo de algunas instituciones, entre ellas el Centro de Difusión Cultural Casa del Tiempo de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

Mientras resonaba la consigna ¡Mujeres hacen el cambio!, acompañada por la música del organillero de la calle Madero, un pequeño grupo de tejedoras se afanaba en unir los que serían los útimos lienzos que después de este acto simbólico viajarán a Tijuana, donde colectivos de chicanas y migrantes ampliarán para forrar parte del muro fronterizo.

Las telas –dispuestas como un gran camino serpenteante– contrastaban por sus colores y técnicas en bordado, pintura, collage, impresión, escritura y fotografía, entre otras. El rosa, el morado y el verde dieron vida a las voces de las más de 500 mujeres que han participado en este movimiento colaborativo de arte público.

Tejedoras de Estados Unidos, Canadá, El Salvador, Guatemala, Puerto Rico, Reino Unido, Francia, España, Alemania, India y Grecia se afirmaron en demandas sobre seguridad, justicia, paz, amor y sororidad, puerto común donde el idioma no fue una barrera.

Vivas nos queremos; Peace; Hagamos un mundo mejor con igualdad de derechos; Together; Somos el grito de las que no están, y No violence fueron algunos de los mensajes que enviaron al mundo, conscientes del poder transformador del arte y la participación social.

En otro cuadro se leía la frase Tejiendo empatía, tejiendo comunidad, zurcido con un retazo que ilustra a jóvenes de razas diferentes tomadas de la mano; más a la derecha aparecía un cuadro ilustrativo sobre las cifras de tráfico de personas en el país y algunos nombres de mujeres desaparecidas.

También sobresalían una serie de lienzos coloridos con flores, corazones, estrellas y caritas; las más pequeñas también hicieron visibles los miedos que las aquejan en su condición de niñas: No me lastimes, Respétame, Ámame, Tenemos los mismos derechos.

Paralelo a la activación hubo mesas de trabajo, talleres de contención y elaboración de piezas que se agregaron a la manta, entre ellos sesiones con cuencos, meditación y otras actividades.

La actividad convocó a cientos de participantes que a lo largo de una jornada de más de ocho horas se pronunciaron contra la violencia, la crisis ambiental y otros problemas que aquejan a la sociedad.