Por: Redacción/

El uso de modelos matemáticos mejoraría el flujo vehicular en momentos críticos y sería útil en el análisis del movimiento de personas en zonas peatonales y accesos a edificios para evitar aglomeraciones en casos de emergencia, aseguró el doctor Joaquín Delgado Fernández, investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

Al impartir la conferencia Modelos matemáticos de tráfico vehicular, el investigador del Departamento de Matemáticas de la Unidad Iztapalapa señaló que estos sistemas contribuyen además a determinar la circulación de automotores y la respuesta de conductores mediante un esquema autómata.

Este trabajo del especialista forma parte de un proyecto más amplio elaborado en conjunto con el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) y el Sistema de Transporte Colectivo-Metro para, entre otros objetivos, eficientizar el tránsito peatonal.

En el estudio “estructuramos varias líneas en la visión macroscópica, ya que analizamos la red de transporte de toda la Ciudad de México y la zona conurbada, y a nivel microscópico el tránsito de peatones en los corredores de estaciones de transbordo del Metro para dosificar la entrada de usuarios y evitar aglomeraciones”.

A escala, la doctora Patricia Saavedra Barrera, académica del mismo departamento, construyó un programa simulador del tráfico de trenes y usuarios que puede determinar las condiciones de contingencia o saturación, así como las causas que afectan la movilidad de los usuarios del Metro, dijo el investigador.

El uso de esos modelos científicos también hace posible la optimización de la seguridad de un edificio. En caso de que por algún riesgo se tenga que evacuar, “podemos definir el tamaño correcto de las puertas a fin de que la gente pueda salir en el menor tiempo posible”.

Delgado Fernández explicó que en la modelación macroscópica velocidad y densidad se traducen en ecuaciones diferenciales parciales especialmente hiperbólicas.

El enfoque microscópico –abundó– se refiere a los autómatas celulares, modelo matemático que describe el comportamiento del flujo de los autos como discreto; esto es, finito y contable en espacio y tiempo.

La evidencia experimental sobre la medición del tráfico vehicular inició en 1959 en el puente Lincoln en Nueva York y en la Avenida Merry en Connecticut, sitios en los que ingenieros calcularon velocidades y posiciones con el propósito de determinar el ancho de las autopistas para mejorar la circulación.

Actualmente el aforo vehicular en autopistas se mide con marcadores, de tal manera que se puede saber con exactitud el número de autos que salen o entran en determinado tramo, concluyó Delgado Fernández durante su participación en el ciclo de conferencias Lunes en la ciencia.