Por: Redacción/

México se ha convertido en el principal consumidor de agua embotellada por persona del mundo, como consecuencia de la incertidumbre sobre la calidad del recurso que llega a los hogares, afirmó la doctora Delia Montero Contreras, investigadora de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

Durante la presentación de su obra, Instituciones y actores. Un enfoque alternativo para entender el consumo de agua embotellada en México, ejemplificó que en la Ciudad de México cada persona bebe en promedio 390 litros al año, superando con creces a Francia, donde existe una tradición de ingerir el vital líquido envasado.

Debido a que “no se trata de una moda ni de un hábito de elite ni tiene que ver con los niveles de ingreso o de estudios, esta rama de la industria es la de mayor crecimiento en el sector de bebidas y el gasto anual en la capital del país en ese asunto supera los 4 mil millones de pesos”, precisó en el acto celebrado en Centro de Difusión Cultural Casa Rafael Galván.

La investigadora del Departamento de Economía de la Unidad Iztapalapa señaló que las purificadoras de agua –cuya participación representa 30 por ciento del mercado en la Ciudad de México– son un actor importante que atiende a las clases bajas, a pesar que no es fácil determinar el origen ni la calidad del producto que ofrecen.

A nivel nacional, la población que toma agua embotellada alcanza 80 por ciento mientras en la capital se eleva a 90 por ciento, por lo que es necesario que el gobierno mejore la calidad en el suministro de este recurso a través de la red pública para reducir el uso de agua embotellada, “controlada por las transnacionales Nestlé, Danone, Coca Cola y Pepsico”, sostuvo el doctor Óscar Monroy Hermosillo, Profesor Distinguido de la UAM, quien vaticinó que esas corporaciones seguirán expandiendo su presencia en el negocio.

El investigador del Departamento de Biotecnología de la Unidad Iztapalapa de la Casa abierta al tiempo señaló que el libro explica que entre las razones de la alta ingestión de agua envasada –a la par de que cada mexicano toma 165 litros de refresco en promedio al año– destacan la inequidad en la distribución de este bien público; la complicidad entre autoridades y particulares; la connivencia al no comprometerse con la calidad del fluido que se distribuye; la privatización en el servicio de agua potable, y la desconfianza en la población.

De acuerdo con la evidencia empírica, “mientras mejor es el servicio que llega a las casas por la red hidráulica, menor es el consumo de agua embotellada, lo que significa que de haber confianza en los organismos operadores no habría necesidad de comprar estos productos”.

El doctor Javier Melgoza Valdivia, docente del Departamento de Sociología de la misma sede universitaria, llamó la atención respecto de que mientras que la población de la Alcaldía Iztapalapa –la más pobre de la Ciudad de México– gasta más en agua embotellada y su consumo sea de 90 por ciento de este tipo de producto, en San Nicolás de los Garza, Nuevo León, –uno de los municipios más ricos del país– se consume cerca de 65 por ciento de agua potable que se surte en la red pública.

“En la ingesta de agua envasada, las familias pobres pagan cada vez más, mientras que las más ricas desembolsan menos por el consumo del vital líquido, asimetría presente en este mercado que ha tenido un crecimiento vertiginoso en un lapso no mayor a 30 años”, finalizó Melgoza Valdivia.

Instituciones y actores. Un enfoque alternativo para entender el consumo de agua embotellada en México aborda el tema a partir del análisis de las instituciones y organizaciones, ya que éstas influyen en las decisiones de la sociedad y, por tanto, en los cambios de hábitos relacionados con las formas de consumo, por lo que comprender el entorno institucional en el que se desempeñan organizaciones públicas (Sacmex y Conagua) y privadas (transnacionales y purificadoras) es fundamental en la comprensión del problema.