Por: Redacción/

La democracia en México está en un joven proceso de construcción, y en su camino hacia la consolidación mantiene una sociedad polarizada, gran malestar por las promesas no cumplidas, así como un divorcio con la cuestión social, que deriva en una pobreza masiva y una separación de la economía, que debería ser regida por el Estado.

En el Coloquio Democracia 2020 “México en la Complejidad Democrática del Mundo Contemporáneo, organizado en línea por el Centro de Estudios Mexicanos (CEM) UNAM-España, expertos de ambos países afirmaron que también hay un déficit en el Estado de derecho y en la transparencia, lo que preserva entre los ciudadanos un malestar con las instituciones.

En la Mesa 2, titulada “La democracia mexicana hoy y mañana”, Rolando Cordera Campos, profesor emérito de la Facultad de Economía (FE), destacó que en estos años de estreno de la democracia mexicana, que ya se expresa en un pluralismo político, resalta la separación de la democracia realmente existente (con su Congreso y partidos políticos) con el aspecto social, que se caracteriza por la presencia de una pobreza masiva que se ubica cada vez más en las ciudades y no sólo en las partes olvidadas del campo nacional.

Además, hay un divorcio de esta democracia, encarnada en sus políticos, respecto de la gestión económica del Estado y del país. “Por mandato constitucional, el Estado debe ser el rector de la economía nacional, llevar a cabo procesos sostenidos de planificación y programación sectorial y atender los derechos fundamentales de los ciudadanos”, dijo.

En el encuentro, presentado por Andrés Ordóñez, titular del CEM España, y moderado por José Tudela, de la Universidad de Zaragoza, Emilio Rabasa, del Instituto de Investigaciones Jurídicas (IIJ) de la UNAM, indicó que en México hay un déficit en el Estado de derecho, entendiendo por éste una sujeción de las autoridades y los ciudadanos a la ley, y a la aplicación de la misma, con sus sanciones.

“Dos cifras dan cuenta de este déficit: 85 por ciento de las víctimas no denuncian los delitos por la desconfianza en el sistema de justicia, y 90 por ciento de los delincuentes no terminan condenados”, ejemplificó.

Tenemos un serio problema que no ayuda a la democracia, y aunque ha habido reformas importantes, no se han traducido en un poderoso Estado de derecho en el país, subrayó.

Jacqueline Peschard, académica de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la Universidad Nacional, recalcó que en la democracia mexicana existe una erosión de la legitimidad. “Hay malestar por la separación entre los políticos y sus promesas no cumplidas de tener una sociedad más libre, más justa y equitativa”.

Entre los gobernantes se mantiene la concentración en el poder personal, un afán por polarizar a la sociedad, desdibujar el pluralismo, desprestigiar a las instituciones independientes y un repudio por la mediación política, añadió.

Por su parte, José Woldenberg, también profesor de la FCPyS, destacó que en la democracia mexicana hay un malestar con las instituciones, cuyos nutrientes son la corrupción, la violencia, la inseguridad, el no crecimiento económico, las profundas desigualdades y el déficit del Estado de derecho.

“Estas condiciones, instaladas en la sociedad mexicana, han sido el caldo de cultivo para que en nuestro país muchos de los avances que se dieron en los últimos años en materia política no sean valorados con suficiencia”, remarcó.

Para concluir, Emilio Rabasa acentuó que en varios países, incluido el nuestro, existe una “fatiga democrática”, que necesita un nuevo pacto social.