Por: Redacción/

Ante el panorama agroalimentario globalizado –que no satisface las necesidades de producción y distribución de comestibles suficientes sanos y nutritivos– y cuyos sistemas de producción resultan poco convenientes al medio ambiente, la agricultura familiar y el sector ecológico de suministros se vislumbran como opciones para alcanzar una verdadera soberanía alimentaria.

Estos rubros existen desde tiempos remotos de la civilización, jugando un papel central para amortiguar los impactos económicos externos y posibilitar nuevas relaciones comerciales entre países, en un contexto internacional de libre mercado controlado por corporaciones transnacionales.

Darío Alejandro Escobar Moreno, doctor en Economía Ecológica por la Universidad Autónoma de Barcelona, sostiene esta tesis en su artículo La contribución de las agriculturas familiares a la producción de alimentos, la soberanía alimentaria y la sostenibilidad ambiental, incluido en el libro Tendiendo puentes para una sustentabilidad integral.

En la edición de la Unidad Xochimilco de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) coordinada por los doctores Aleida Azamar Alonso y Jaime Matus Parada, el autor explica que poseen gran diversidad de manifestaciones en términos de recursos productivos, uso de tecnología y, sobre todo, por la dinámica en la composición y la estructura de las estirpes que llevan a cabo en sus procesos.

Un ejemplo notable de sistemas agrícolas característicos de las agriculturas familiares en la región mesoamericana es la milpa, un policultivo de origen prehispánico basado en la siembra del maíz, frijol, calabaza, chiles, frutas y hortalizas, de cuyas interacciones resultan cosechas ricas en nutrientes.

En México, se han identificado muchas y quizás la más visible sea la campesina, pero resulta insuficiente tipificarlas como de subsistencia, consolidadas o en transición, porque existen combinaciones múltiples de los recursos disponibles; la orientación de los recusos; la incorporación de fuerzas de trabajo y modos de vida. La milpa constituye una parte fundamental de la reproducción social de las estirpes en el agro.

El profesor de la Universidad Autónoma Chapingo en el Centro Regional Zacatecas considera que las unidades familiares integradas en estos modelos han sido susceptibles a los cambios económicos y sociales de sus entornos, por lo que en muchos casos la parentela nuclear se ha extendido con integrantes que no necesariamente sostienen relaciones de parentesco, pero que son partícipes.

La agricultura familiar busca producir alimentos para el autoconsumo, sanos y del gusto de todos, lo que asegura una serie de criterios de calidad en su producción, además de que preserva el valor cultural de su producción haciendo uso de los recursos de que disponen como sus tierras, las semillas locales y los conocimientos ancestrales que se transfieren de generación en generación.

El vínculo que tienen en la producción y el consumo de los comestibles por y para las familias es una de las características más importantes que relacionan estas unidades de producción con los objetivos de la soberanía alimentaria, que busca altos estándares de calidad de los suministros a través de sistemas de producción sustentable, con una agricultura ecológica y familiar.

Algunos aspectos para el logro de estos estándares son el contenido nulo de residuos químicos de fertilizantes y pesticidas, la protección de los ecosistemas, la conservación y el fomento de la agrobiodiversidad, el manejo sostenible del suelo y el agua, las variedades y ecotipos culturalmente arraigados a las regiones, así como el fomento de los mercados y la economía local.

En México no puede hablarse de recuperar la soberanía alimentaria porque nunca se ha tenido, ya que aun tratándose de un país exportador de suministros, esto no significa que las necesidades de la población estén satisfechas, por lo que es fundamental crear políticas públicas que favorezcan el desarrollo de la agricultura familiar, que ha contribuido de manera significa a mejorar la salud humana y del medio ambiente.