Por: Redacción/

Aun cuando no existe evidencia científica de que la leche materna sea un reservorio de SARS CoV 2 (COVID-19) que pudiera contagiar al bebé, el proceso de amamantar puede representar un riesgo de adquirir la enfermedad, dada la cercanía del bebé a las vías respiratorias de la madre, por lo que es necesario extremar precauciones y seguir las recomendaciones sanitarias de prevención.

Los doctores Jorge Castañeda Sánchez y Gustavo Pacheco López, investigador del Departamento de Sistemas Biológicos de la Unidad Xochimilco y director de la División de Ciencias Biológicas y de la Salud de la Unidad Lerma de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), respectivamente, participaron en el programa UAM con responsabilidad social ante la pandemia, transmitido por UAM Radio 94.1 FM.

Al disertar sobre Las infecciones virales durante la vida intrauterina y su relación con los trastornos ocasionados por el COVID-19 señalaron que el periodo del embarazo es complicado, ya que el sistema inmunológico se encuentra comprometido porque se está formando una nueva vida y esto provoca una serie de cambios fisiológicos y bioquímicos a la que se suma el reto de enfrentar infecciones de manera constante.

Castañeda Sánchez dijo que, si bien hay antecedentes de otros virus que afectan a este sector de la población, es necesario hacer estudios para saber si la información sobre modelos de otros males virales puede ocasionar sintomatología, padecimientos, cambios fisiológicos y bioquímicos e incluso contar con algunos tratamientos.

Diversas vías de transmisión de males virales y bacterianos se dan por infección de tipo intrauterina, perinatal o posnatal, así que lo primero por estudiar es qué sucede con el producto y si la transmisión pudiera llevarse a cabo en el bebé, pero hasta ahora, a pesar de las teorías y especulaciones derivadas de los modelos de estudio que se tienen de otros virus, “la verdad es que no se sabe con certeza qué pasa en el caso de las embarazadas”.

La gestante está inmunocomprometida y eso significa que sus defensas están algo desajustadas y, respecto de cualquier infección –en este caso las virales, en particular SARS CoV 2– “tendríamos que poner mucha atención en los modelos de laboratorio para tener un panorama certero sobre la posibilidad de transmisión de la madre al feto o de enfermar en labor de parto y ver qué pasa durante el desarrollo posnatal”, explicó.

El doctor Pacheco López mencionó que en la situación que vive la humanidad ofrecer una orientación sobre la lactancia resulta muy complicado en los planos clínico y biomédico, por lo que la determinación de amamantar o no la deben tomar la madre o la pareja, en beneficio del hijo.

Aun cuando no hay consenso pediátrico sobre los posibles riesgos de amamantar si una mujer ha dado positivo a coronavirus, se ha planteado como estrategia “lo que sí sabemos”: la leche materna provee inmunidad y el contacto materno en los primeros días posnatales es crítico para el desarrollo neurológico del neonato, entre otras informaciones con las que los cuerpos clínicos pediátricos asesoran a las madres para que decidan, considerando que hasta ahora no hay suficientes evidencias al respecto.

El doctor Castañeda Sánchez advirtió que tampoco se cuenta con señales de contagio vía la leche materna, pero la cercanía del bebé a las vías respiratorias de una madre contagiada sí representa un riesgo para aquél y deberán extremarse precauciones.

Para una embarazada es recomendable no salir de casa, aplicar la higiene constante de lavado de manos, desinfección de superficies y, en caso de tener fiebre, tos y malestar general, acudir al médico para que determine si es candidata a la prueba del COVID-19 y sea canalizada a las instancias correspondientes.

Un recién nacido infectado de CoV 2 “podría ser desastroso” debido a que su sistema inmunológico no ha terminado de madurar y apenas empieza a enfrentar los antígenos de la naturaleza.

El doctor Gustavo Pacheco dijo que hay evidencias epidemiológicas y modelos experimentales para identificar que las infecciones virales, en particular durante el primero y segundo trimestres de embarazo, son factores de riesgo para desarrollar autismo y esquizofrenia, sin embargo, estos trastornos neuropsiquiátricos se desencadenan en la etapa de la adolescencia, por lo que no es simple diagnosticarlos al nacer.

Lo que se ha identificado es que la respuesta inmunológica de la madre para combatir los virus –como en el caso de COVID-19– genera moléculas llamadas citoquinas que viajan por el torrente sanguíneo y varias de ellas logran cruzar la barrera placentaria hasta llegar al cerebro del feto en desarrollo.

El neurodesarrollo temprano que ocurre en la vida intrauterina sensibiliza a estos bebés y hay datos suficientes de otras pandemias para plantear una alerta para que las madres que llegaran a ser infectadas tengan un seguimiento en el mediano y el largo plazos.

Investigadores de la UAM han propusieron al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología llevar a cabo un seguimiento de cohorte prospectivo longitudinal que implicaría seguir a varios niños que en este momento hayan sido infectados en su etapa intrauterina hasta su adolescencia para poder descartar la situación de trastorno de espectro autista o de esquizofrenia.

En la UAM su grupo de indagación ha desarrollado modelos experimentales con ratones, los cuales tienen una gestación de 21 días, lo que “nos permite acelerar el tiempo y ver qué pasa a estas especies en su vida intrauterina”, porque alcanza su juventud en el día posnatal 80 y su adultez en el día 110. Esto quiere decir que en seis meses se puede observar en ratones lo que sucedería en humanos en cuestión de 15 años.

“Si una madre fue infectada es condición suficiente para que haya esta programación fetal del neurodesarrollo”, finalizó.