• “Hay que trabajar las emociones para evitar que presenten psicopatologías como temblor de manos, ritmo cardíaco acelerado o enrojecimiento de la cara”, apuntó María Teresa Monjarás, especialista de la FP de la UNAM.

Por: Redacción/

La irritabilidad y la ansiedad son los principales efectos que algunos escolares de educación básica presentaron al regresar a las aulas tras más de 16 meses de clases a distancia, coincidieron las especialistas de la Facultad de Psicología (FP) de la UNAM, María Teresa Monjarás Rodríguez y Laura Hernández Trejo.

“Cabe aclarar que esto puede presentarse en algún porcentaje de la población que asiste presencialmente a clases, no es en todos, porque hay incluso preescolares que no han presentado trastorno alguno. Por el contrario, han adquirido alguna habilidad”, aseguró María Teresa Monjarás Rodríguez, académica de la FP.

Durante la conferencia de prensa a distancia “Regreso a clases: la psicología de alumnos y padres”, dijo que en los alumnos más pequeños embarga la emoción por reencontrase con otros niños, pero también el miedo al contagio y la ansiedad por la separación momentánea de los padres o cuidadores, incluso puede presentarse una sobreexcitación.

“Esta etapa es una oportunidad para mejorar y crear estrategias de fortalecimiento sobre todo en alumnos preescolares, modelar a nuestros hijos ante situaciones de estrés; la forma en cómo actuemos será un modelo para ellos, tampoco se trata de ocultar emociones, sino de reconocerlas y actuar”, indicó.

Entre las recomendaciones a considerar Monjarás Rodríguez refirió escuchar las necesidades de los estudiantes y modelar la calma con explicaciones breves y claras; sobre todo, precisar el tiempo de la separación. “Si le digo a mi hijo que lo encontraré a cierta hora, cumplirlo, de lo contrario, su ansiedad puede detonarse”.

Las autoridades educativas a nivel federal, agregó, sugirieron atender y trabajar con las emociones; de no hacerlo, advirtió, podría haber un aumento de estrés, ansiedad e incluso depresión, es decir, se podría desarrollar alguna psicopatología.

Señales de tensión

Algunas de las acciones que podrían aparecer en los siguientes días en los niños, de acuerdo con Laura Hernández Trejo, especialista en Juego y Desarrollo Infantil de la FP, son las denominadas “conductas de aseguramiento”.

“Buscarán que los reaseguraremos, estarán físicamente más cercanos a sus padres, dirán ‘voy contigo’, ‘no me dejes’, querrán irse a dormir con mamá o papá, o en otros casos más complejos tendrán dolores estomacales, porque hay preocupación, o se manifestarán más irritables”, describió.

Cuando se sientan emocionalmente abrumados tendrán poca claridad en lo que están sintiendo; incluso el ritmo cardiaco se les podría acelerar, temblarles las manos o la cara ponérseles roja.

“Quizá pasarán a un estado súbito de enojo o llanto, porque no están pudiendo resolver toda la carga de estrés, por lo que hay que estar listos para brindar ayuda, pero si como padres estamos agotados será difícil comprenderlos. Hay que preguntarles: ¿cómo te ayudo?, ¿qué necesitas?, ¿qué te preocupa de volver a la escuela?”, destacó.

Ante esto, continuó Hernández Trejo, hay que hacer un espacio para hablar, dejarles claro que “está bien no sentirse siempre bien; a veces no nos sentiremos con ánimo, y eso no nos hace mal”.

Hay que ayudarles con métodos que sean de juego. Establecer rutinas, porque les darán certidumbre de lo que sucederá; colocar una cartulina o pizarrón donde peguemos sus creaciones, dibujos y cómo les ha ido en los primeros días de clase.

A los más pequeños, llevarlos a la puerta con su juguete preferido, solo para que los acompañe de camino a la escuela y hacer una notita con un corazoncito para que nos hagamos presentes y les dé seguridad, o implementar un saludo simbólico, una frase, una palabra o chocar las manos.

Fortalezas

Las especialistas en Conducta Infantil de la FP resaltaron que, en contraste, algunos infantes pueden reafirmar o facultar en su regreso a las aulas, algunas habilidades y fortalezas.

“Primero el autocuidado, con el fin de no contagiarse; la empatía, al compartir diferentes experiencias durante lo que va de la pandemia; además de la conducta pro social, el querer ayudar al otro, o colaborar para que se sienta mejor, así como la valoración de su situación actual, del contacto con el otro y de la vida misma”, expuso Monjarás.

Para Hernández Trejo algunas fortalezas podrían ser que algunos alumnos han adquirido mayor sentido de la responsabilidad; además de la gratitud, el que se percaten de lo que sí tienen; además de la creatividad, que ha sido estimulada.