• En campaña, López Obrador prometió atender a migrantes; hoy, es el principal violador de los derechos humanos de miles de ciudadanos.

Por: Redacción/

El gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador no dispone de una política migratoria para atender a miles de ciudadanos centroamericanos y de otros países que ingresan a territorio nacional, además “no le preocupan en absoluto los refugiados ni los mexicanos que huyen de la violencia de sus entidades”, e incluso, se ha convertido en el principal violador de los derechos humanos de los migrantes, advirtió el secretario general del Movimiento Antorchista, Aquiles Córdova Morán.

Tras una revisión realizada a la prensa nacional, en la que durante los últimos días ha reportado la crisis migratoria en Chiapas –y otras ciudades de la frontera norte-, el líder social destacó que queda exhibido el doble discurso del presidente, quien durante su campaña aseguró dar cabida a los migrantes, e incluso trabajo. Hoy, la situación es distinta, pues, la Guardia Nacional custodia la frontera, los migrantes son detenidos y deportados.

En su video-mensaje semanal, Córdova Morán explicó que actualmente, López Obrador tiene más de 25 mil elementos de la Guardia Nacional que resguardan la frontera con Guatemala y a frenar, por la fuerza si es necesario, la ola migratoria que él mismo había provocado.

“La Guardia Nacional y el Ejército comenzaron de inmediato a cazar literalmente y a deportar a los migrantes, sin atender a sus motivos ni respetar sus derechos humanos y migratorios, justamente lo que el presidente había prometido que no sucedería bajo su gobierno. Donald Trump, por su parte, ordenó también endurecer la cacería de indocumentados en su frontera sur, e hizo aprobar el llamado “protocolo de protección al migrante” que lo facultaba a deportar a México a los detenidos, sin el consentimiento expreso del gobierno mexicano, donde deberían esperar la respuesta oficial a su solicitud de asilo”, señaló.

La política migratoria de Estados Unidos volvió a cambiar con la llegada de Joe Biden, el cual, desde su campaña, prometió una política menos rígida que incluía la regularización de migrantes ilegales (o indocumentados) que cumplieran con ciertos requisitos; en primer lugar, iban los jóvenes llamados “dreamers”, que Trump había amenazado con la deportación inapelable.

En este sentido, Biden se comprometió también a suspender el Protocolo de protección al migrante, para que los solicitantes de asilo pudieran esperar la respuesta en territorio norteamericano. Tales promesas tuvieron un efecto similar al del discurso de López Obrador, es decir, el tsunami migratorio volvió a reactivarse. Pero el presidente Biden tampoco ha podido o querido cumplir cabalmente sus promesas, en particular la de suspender el Protocolo de protección al migrante y las deportaciones no solo se mantienen, sino que se han incrementado, puntualizó Córdova Morán.

El dirigente social dio a conocer que la presión en ambas fronteras vuelve a presentar niveles críticos, y México ha quedado, literalmente, entre la espada y la pared: entre las exigencias de Estados Unidos y la impotencia de los gobiernos centroamericanos para desarrollar políticas capaces de arraigar a los fugitivos en su tierra.

En este contexto, la ciudad de Tapachula está saturada de migrantes, detenidos allí a la fuerza y que esperan una visa del gobierno mexicano, pero los funcionarios del Instituto Nacional de Migración tienen órdenes de ralentizar el trámite todo lo que puedan. La razón es que, con tal visa, los migrantes podrán viajar libremente hacia la frontera norte, y el compromiso con los norteamericanos es no permitirlo.

Pero esta política de contención a base de engaños y promesas ya está haciendo crisis: las víctimas se están organizando para romper el cerco de la “cárcel de Tapachula”, como ellos la llaman. La saturación, además, ha trastocado la vida de los tapachultecos, que están reaccionando con hostilidad creciente hacia los extranjeros y nadie sabe a dónde puede ir a parar todo esto. Lo único seguro es que la migración es ya un problema nacional, social y político, que reclama una solución urgente y de fondo antes de que se salga de control, agregó.

En su reciente visita a Chiapas, el presidente no se ocupó en la atención del problema migratorio, pero sí tuvo tiempo para “atacar a Antorcha Campesina, un ataque artero”, denunció Córdova Morán. Por ello, “solo el pueblo unido y organizado podrá hacer frente a esta y a todas las calamidades que asolan al país, de este país que es de todos”, concluyó.