Dentro y fuera de el Estadio Azteca se vive una fiesta futbolistica donde la gente va a disfrutar un buen espectáculo deportivo y la familia lleva a sus pequeñines a que apoyen a el equipo de los padres o bien a los equipos que “dicen” seguir, los vendedores como siempre hacen acto de presencia al igual que los revendedores que buscan alguna manera de engatuzar a la gente, dar precios bajos o bien pretender hacerlo.

La gente hace lo que puede apara regatear los precios de una playera, una bandera o algún articulo que es de su interés mientras que la “doña” o el don del puesto mantienen firme su decisión de no bajar los precios del articulo que ellos dicen es original o de calidad. mientras que dentro del estadio jugadores y cuerpo técnico se alistan para salir a la cancha a dar un buen espectáculo para su publico.

Ya dentro del estadio la gente comienza a gritar apoyando a su equipo los niños muestran el apoyo a los padres gritando al mismo equipo, las parejas de jóvenes toman sus lugares para observar el inicio del juego, las porras al ver a los equipos salir del túnel comienzan a gritar, cantar y bailar euforicamente, por un lado La Monu canta su porra predilecta “¡vaaaaamos, vaaaamos Amééééricaaaa…!” cantaba mientras el equipo local pisaba la cancha de juego. Del otro lado, La 51 del Atlas cantaba “¡te aaaamo, te aaaaamoooo; soy rojinegro, de Atlas voy enamoraaaaado…!” cuando su equipo arribaba a la cancha.

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Ya empezado el juego la gente seguía apoyando los goles de los equipos y aunque el estadio azteca se estremecía cuando el apoyo de la afición americanista los coreaba la porra rojinegra los silenciaba con la poca gente que había apoyando a los tapatíos  hasta el termino del juego.

El equipo tapatío salio airoso de la cancha del Azteca y su afición salio eufórica por el triunfo en el Coloso de Santa Ursula.