Por: Griselda Fernández/

La historia de México está repleta de héroes que nos han dado ‘libertad’, pero sin duda alguna, los villanos son nuestro tema favorito. El general Antonio López de Santa Anna es uno de los hombres al que más fama negativa se le ha creado. Acusado de ser un vendepatrias, cargó con el nulo reconocimiento de los mexicanos, a pesar de las victorias que había otorgado durante sus primeros años en el campo de batalla.

Enrique Serna retrata en su obra El seductor de la patria, ese carácter peculiar del general que otorgó la independencia a Texas, estado que más tardé formó parte de Estados Unidos. Pero ¿por qué somos tan severos? ¿Qué tuvo que soportar dicho hombre para tomar tan importante decisión?

El autor nos hace reflexionar sobre ello y ponernos en la piel de aquél antihéroe. La infancia de este brigadier, a decir verdad, no fue nada grata. Sufrió la comparación con su hermano, quien era el más reconocido por sus padres. Y para demostrar la grandeza y habilidades como hijo, recurrió a formar parte de las filas del ejército.

Evidentemente esto no bastaba. Al encontrar en la política el refugio para sentirse enaltecido, aceptado y venerado, Santa Anna escaló a las ligas mayores. Y no hay mejor forma de conocer a alguien que escuchando de su propia voz, o en este caso de su ‘puño y letra’, el por qué actuaba de manera tan egoísta, pues, justifica a lo largo de quinientas páginas, que él solamente buscaba la forma correcta para no dejar que el país cayera en desgracia.

Es un recurso interesante que Serna muestre distintos puntos de vista a través de la correspondencia, o mejor dicho: correo. Las cartas que se mandan generales, políticos, familiares y por supuesto los amores, son elementos que desnudan la personalidad de cada uno de ellos y siempre dejan al descubierto la percepción que tienen sobre este personaje tan odiado.

Y qué decir de los aires de grandeza que se adjudicaba su Alteza Serenísima, quien predicaba darle al pueblo lo que quería. Él mismo admite que la fiesta produce en la sociedad un sentimiento de unión y admiración hacia sus gobernantes. De la misma forma, alude que así como lo aclamaban, de un momento a otro ya no lo apreciaban.

Pero recordemos que no sólo la sociedad forjaba una imagen de agradecimiento. Los medios fueron un factor importante para destacar las victorias del ex presidente, enfatizaban las hazañas militares que eliminaron la invasión de extranjeros, los poetas escribían versos que honraban sus acciones. Qué curioso, quién diría que años más tarde, la misma prensa y literatos, escribirían críticas desvalorizando lo mucho que había luchado por México.

Seguramente varios recordamos nuestras clases de historia en las que narran las grandes cantidades de sangre que se derramaron al enfrentar a los enemigos. ¿Era necesaria tanta masacre? Santa Anna justifica sus decisiones al decir que, sin dar combate, México no hubiera sido tan fuerte y temido por algunos adversarios, aunque eso significara cientos de pérdidas de vida.

Por otra parte, los saltos en el tiempo que hace el autor, debido a que el protagonista recurre a dictados autobiográficos, es una forma de hilar los acontecimientos. Además, de esta manera introduce al lector en su vida privada e imaginar que su vida no fue la única que terminó derrumbada por el ámbito político, sino que con ello una crisis económica se hizo presente.

Algo que no se le puede discutir al personaje es que el pueblo mexicano iba en busca de su control. Sólo de esa forma el país tendría ‘orden’. y aunque en algunas circunstancias desfavorables regresaba a su hacienda, ello no quita el hecho de que funcionarios públicos buscaran refugio en la seguridad que denotaba el general.

En palabras del personaje histórico “La patria es una puta” pero a él no se le puede nombrar como víctima de los encantos. Como indica el título del libro, simplemente sabía cómo seducir a la patria, de qué manera permanecer en el poder y mantener todo a su manera.

Si bien es cierto que nunca podremos conocer qué es lo que pensaban ciertos personajes históricos, al menos la literatura es capaz de recrear su carácter y proporcionarnos una experiencia que puede cambiar nuestra visión hacia los antipatrióticos. Y mientras las aulas lo catalogan como villano, en un libro puede que todo juegue a su favor.