Por: Nilda Olvera/

El estilo vigoroso y brillante del poeta Salvador Díaz Mirón, fue la clave para catalogarlo como uno de los escritores más representativos dentro y fuera del país durante el Modernismo, cuyas obras han conquistado el corazón de los críticos de distintas épocas.

Hijo del poeta y político Manuel Díaz Mirón, nació un 14 de diciembre de 1853 en Veracruz. Desde muy joven se apasionó por la lectura y las luchas sociales y políticas, factores que lo inspiraron a dedicarse al periodismo desde muy joven, aunque también fue impulsado por su primo Domingo Díaz Tamariz para que estudiara literatura.

A lo largo de su vida, se involucró en varios incidentes de violencia, entre los que destacan cuando en una riña con Martín López, le generó en su brazo izquierdo una deformación, también en aquella ocasión que le dio muerte al tendero Leandro Llada, en donde alegó que fue en defensa propia ya que él lo había golpeado primero, teniendo como consecuencia el tener que abandonar su trabajo para que después se dedicara a la política, convirtiéndose en diputado en el Congreso de la Unión.

Publicó su primera recopilación de versos “El Parnaso Mexicano, México” y más tarde, llegó “Lascas”, una de las más notables obras poéticas mexicanas, que le valió su rehabilitación pública, luego de haber sido encarcelado cuatro años antes por asesinar a Federico Wólter. De esta manera obtuvo 15, 000 pesos, que fueron donados para equipar la biblioteca del Colegio Preparatorio de Xalapa.

Años posteriores escribió “Oda a Víctor Hugo”, “A Gloria”, “Voces Interiores” y “Ojos Verdes”, que le llevaron junto con Amado Nervo, Manuel Gutiérrez Nájera y otros escritores, consolidar el movimiento modernista literario, que se caracterizó por el pensamiento liberal, y que tomaban inspiración de los clásicos griegos al igual que los sonetos.

Volvió a ser recluido un total de cinco meses en la cárcel de Belén, por un enfrentamiento en la Cámara de Diputados con Juan C. Chapital y que gracias a la Revolución fue puesto en libertad, reintegrándose de nueva cuenta a ella. Sin embargó, dejó el cargo para dirigirse a Xalapa, para su nueva vocación de magistral, hasta que ocurrió el asesinato del presidente Francisco I. Madero.

Fue director del periódico “El Imparcial”, en los que realizó artículos elogiando a Victoriano Huerta. Y cuando éste abandonó la capital, Mirón también lo hizo, yéndose a España y a Cuba y solamente regresó al país cuando Carranza emitió una orden en la que lo autorizaba volver. Y cuando lo hizo se desempeñó como director del Colegio Preparatorio de Veracruz y profesor de historia.

Ese fue el escenario de su última pelea que se desarrolló con el alumno Carlos Ulibarri, quien reaccionó a una reprimenda con un gesto amenazador para el maestro, lo que provocó que éste lo golpeara en la cabeza con un revólver. Finalmente murió el 2 de junio de 1928 a la edad de 74 años en el estado que lo vio nacer.

A lo largo de todos los eventos violentos que vivió en su vida, le sirvieron como inspiración para hacer volar su imaginación y crear sus textos que hasta ahora se consideran clásicos de la literatura mexicana.