Por: Nilda Olvera/

Con poca gente entre sus calles, más que los comerciantes que salen para poder obtener los recursos económicos necesarios para poder solventar los gastos de la semana, en San Andrés Mixquic el único recordatorio de la festividad del Día de Muertos que se halla para toda persona que pase o que se aventure cerca del pueblo son el par de catrinas de más de seis metros que están enfrente del Teatro Miquiztli. Ya que, por primera vez en su historia ni siquiera los pobladores pueden decorar las tumbas de sus familiares, puesto que si lo hacen corren el riesgo de enfermarse y aumentar la cifra de los contagios por el Covid-19 en el país.

Acciones que se ven obstaculizadas por las prohibiciones del gobierno, por el bloqueo de la puerta del panteón con una cadena y un candado, junto con el anuncio amarillo pegado en la reja negra oxidada que señala al público que deben de utilizar gel antibacterial y conservar la sana distancia.

Mixquic proviene de la denominación “en el mezquite” es uno de los pueblos que pertenece a la Delegación Tláhuac, Ciudad de México (CDMX), el cual corresponde con San Agustín de las Cuevas, Xochimilco, La Villa, Gustavo Madero, Santa María Magdalena Atlitic, por mencionar otros, a uno de los 21 barrios mágicos que hay en la CDMX. Lugares que resaltan por sus tradiciones, monumentos, edificaciones o áreas naturales y representaciones históricas.

Éste es conocido por la forma en la que lleva a cabo la festividad del Día de Muertos, tradición que se celebra en la mayor parte de la República el uno y dos de noviembre, en la que se tiene la creencia que en esos días los muertos regresan al mundo de los vivos para poder reunirse con sus seres queridos.

En San Andrés Mixquic se comienzan los arreglos desde finales de octubre, el veintisiete se arreglan las tumbas que están alrededor del Templo de San Andrés, el veintiocho se da la bienvenida a los que murieron en accidentes, el treinta y treinta y uno se montan los altares y el uno y dos del penúltimo mes se hace la famosa alumbrada.

Acontecimiento que atrae a personas de distintas regiones y nacionalidades, porque tiene la peculiaridad de que cada lápida se adorna de desiguales formas, en las que se pone sal (elemento de purificación para el viaje de ida y vuelta), veladoras (que representa la luz, esperanza o la imagen de cada difunto), incienso (para limpiar el lugar de malos espíritus), agua (para que calmen la sed que traigan a consecuencia del recorrido), calaveras de azúcar (que dan alusión a que la muerte siempre anda presente) y la flor de cempasúchil (que guía a los muertos).

Además del retrato del amigo, conocido o familiar, papel picado, pan, bebidas alcohólicas, fruta, comida y los artículos que pudieran disfrutar en su llegada. A veces las calles empedradas se llenan de ofrendas o con faroles en forma de estrellas de diversos colores, asimismo se ponen puestos de guisados, postres y bebidas.

No obstante, ahora la Av. Insurgentes, espacio en el que cada año alberga lo mencionado anteriormente y que era una de las principales entradas a la fiesta, se localiza un poco abandonado a comparación a sus anteriores años. Gran parte de los productos característicos que se adquieren para la festividad no se venden, a excepción de la flor de cempasúchil y el pan.

Y dentro del Templo que está entre 20 de Noviembre, Plutarco Elías Calles y J O de Domínguez sólo se ven los árboles, la hierba seca y las aves que se apoyan en las lápidas. Puesto que ahora los colores, olores y rezos se trasladaron dentro de los hogares de las familias.

Con Pátzcuaro, Michoacán, Huautla de Jiménez, Oaxaca, Pomuch, Campeche, Huasteca Potosina, San Luis Potosí, Mixquic se ha integrado a los destinos sugeridos para visitar en estas fechas.

A consecuencia del surgimiento del Covid-19 en China en diciembre del 2019, virus que se transmite de una persona infectada cuando tose, estornuda o tiene contacto con otra, el cual se extendió por el mundo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró pandemia global. Por lo que no sólo México sino que varios países cancelaron eventos para evitar la propagación de la enfermedad.

Éste fue el caso del Día de Muertos, festividad declarada en el 2008 como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

Anualmente San Andrés Mixquic se convierte en noviembre en uno de los tantos focos centrales de México, pero al ser uno de los lugares de la CDMX que más ha sufrido de contagios, se planteó que es mejor que los habitantes de la localidad opten por conmemorar a sus muertos de otra manera.

Hoy no sólo llegan nuestros antepasados, amigos, conocidos y familiares que fallecieron por enfermedades, accidentes o por ser víctimas de crímenes sin resolver, a la par se les unen los más de 90 mil muertos por el Coronavirus.