Por: César Dorado/

Con una forma narrativa peculiar en donde a través de la propia proyección de su virilidad, dureza y valentía creaba personajes que se desarrollaban en ambientes de tensión y violencia, Ernest Hemingway ha pasado a ser uno de los escritores más importantes y representativos de la literatura universal, pues más allá de retratar un momento de la historia a través de sus textos, fue en gran parte él quien, retratando sus vivencias, protagonizó y dio vida a la mayoría de sus personajes.

Siendo el hijo del matrimonio de la profesora y cantante Grace Hall y de Clarence Edmonds Hemingway, un médico apasionado por la caza y la pesca, desde muy joven, el escritor se forjó de un carácter duro pero apasionante, ya que su madre era ambiciosa e independiente y que, de una manera cruel, lo despreciaba y lo vestía de niña.

Al concluir sus estudios básicos, su madre quiso que Ernest fuera músico y lo obligó a tocar el violonchelo, sin embargo, el joven se aficionó al deporte -destacando en el fútbol y en el boxeo- y la caza como herencia de su padre. Más tarde se le obligó a estudiar medicina, pero al acabar en 1917 sus estudios medios, renunció a entrar en la universidad y consiguió trabajo en el rotativo Star de Kansas City.

Esa pasión por la naturaleza y el boxeo lo llevaron a convertirse en reportero y así, al entrar Estados Unidos a la primera guerra mundial, se alistó a la Cruz Roja y se convirtió en conductor de ambulancias en el frente italiano donde resultó herido de gravedad. Sin embargo, eso no impidió que dejara su labor con gran valentía y, al finalizar el conflicto, fue condecorado con dos medallas: la “Medaglia dArgento al Valore Militare” y la “Croce di Guerra”.

Al finalizar la guerra, el escritor comenzó a trabajar como corresponsal del Toronto Star hasta que decidió cambiar de residencia a París. A partir de 1927 pasó largas temporadas en Florida, España y en África. Durante la Guerra Civil española regresó para involucrarse de lleno en el conflicto, al finalizar este, regresó a Estados Unidos para ser reportero del primer ejército.

Estos sucesos en donde el escritor más allá de fijarse en la violencia, la sangre y la crueldad de la guerra y desprestigiarlos, los utilizó de una manera casi artística.

Incluso el propio Hemingway declaró que su labor como periodista lo había influido incluso estéticamente, pues lo obligó a escribir frases directas, cortas y duras, excluyendo todo lo que no fuera significativo, mismos elementos que sembró en los movimientos literarios futuros y también en los reporteros más jóvenes.

Esa parte de su vida cruel y miserable, motivaron al artista a crear novelas en donde el protagonista se manifiesta como un héroe enfrentado a la muerte y que cumple una suerte de código de honor; de ahí que sean matones, toreros, boxeadores, soldados, cazadores y otros seres sometidos a presión.

Algunos autores plantean que su obra debe ser comprendida como una especie de romanticismo moderno, que se profundiza en el honor, la acción y la nostalgia, siempre bajo atmósferas amorosas y apasionantes a la que se entrega.

Sus relatos inauguraron un nuevo tipo de “realismo” que, aunque tiene sus raíces en el cuento norteamericano del siglo XIX, logró adaptar a una serie de sucesos más violentos y crueles, cosa que más tarde inspiraría al cuentista norteamericano Raymond Carver.

En frases como “El hombre puede ser destruido, pero no derrotado” se puede apreciar ese realismo duro y existencialista. Uno de sus críticos corroboró con respecto a esa frase “Es un código que relaciona al hombre con la muerte, que le enseña cómo morir, ya que la vida es una tragedia. Pero sus héroes no aman mórbidamente la muerte, sino que constituyen una exaltación solitaria de la vida, y a veces sus muertes constituyen la salvaguarda de otras vidas”. Y es justo ahí, donde se impregna la vida del escritor, una soledad apasionante que se entregaba a la tierra donde incrusta sus pies y donde resurgen sus relatos.

Y aunque su vida estuvo perseguida por la pasión, las fiestas y el compromiso de escribir. Finalmente, perseguido por las pesadillas de su infancia, la guerra y su adicción al alcohol, Ernest Hemingway falleció en Ketchum en 1961, disparándose un tiro con una escopeta en medio de frecuentes accesos de locura, insomnio y pérdidas de memoria.