Por: César Dorado/

Desde los 8 años de edad, José Luis Hernández comenzó a ir a “la obra” con su padre, aprovechando los fines de semana o los periodos vacacionales para poder ahorrar algún dinero. Si bien no inició cargando bultos de cementos o si quiera paleando la mezcla para pegar las hiladas de tabique, sí aprendió a barrer, lavar la herramienta e ir por los “chescos”.

Desde pequeño le gustaron las matemáticas y la escuela en general, cuando terminó la secundaria con conocimientos básicos de dibujo técnico, logró entrar a una carrera en contabilidad y posteriormente, apasionado por la ingeniería química y petrolera, realizó su examen a la escuela medio superior para estudiar cualquiera de las dos. Sin embargo, no logró concretar su objetivo y así, con tan sólo 15 años, decidió inmiscuirse completamente en el mundo de la “macuarreada”, siempre, dice él, con coraje, lealtad y humildad, dando pie al nacimiento de la cuarta generación de albañiles de la familia Hernández.

Fotografía: César Dorado

Fotografía: César Dorado

El día de el “Güicho” (como desea que lo llamen) comienza al filo de las siete de la mañana. Carga la cajuela de su camioneta con su herramienta, se come algún pan con café o bien, prepara algún licuado y después viene ese primer cigarro del día para terminar de despertar y aliviar el estrés.

Fotografía: César Dorado

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Llegando a la obra, lo primero que hace es cambiarse de ropa e iniciar una jornada de aproximadamente siete horas con un solo descanso de 30 minutos para comer, esto, durante siete días a la semana que, en una buena obra y, por ser independiente, le llegan a dar una ganancia de 3 mil 500 a 4 mil pesos semanales, aunque hay ocasiones en que puede ganar de mil 500 a 2 mil pesos en el mismo lapso de tiempo.

Durante los siete días de trabajo y con más de 30 años de dedicarse completamente al oficio, pasando desde ser peón, chalán, media cuchara, albañil y consagrarse como “maistro”, no hay día en la vida de un albañil que “no desgastemos el cuerpo, porque este oficio es de alto rendimiento. Aunque uno esté enfermo, cansado o bien, llueva o haga frío, debemos de ir a trabajar porque así es el oficio”.

Más allá de lidiar con los dolores y el clima, el Güicho también se enfrenta con sus clientes pues “algunos creen que pueden despreciarte por cómo vistes o por el simple hecho de estar entre la tierra y eso les hace creer que tienen derecho a menos preciar tu trabajo y también que debe de ser barato”. Pero algunos otros incluso celebran sus trabajos como verdaderas obras de arte y son serviciales y corteses.

Fotografía: César Dorado

Fotografía: César Dorado

Parte fundamental que caracteriza a un albañil son los secretos que se transmiten de generación en generación. Pero esos secretos deben de cuidarse muy bien, porque este oficio “es muy celoso” y aunque se tengan amigos albañiles, nada debe de pasar más allá de los hijos, sobrinos o cualquier miembro de la familia que decida dedicarse a la albañilería

Aunque colocar mezcla y block parece sencillo, pequeños detalles y esos secretos son quienes hacen que las construcciones no se desmoronen y sean un poco más tardadas y por el cual “no cualquier cabrón lo puede hacer”.

Fotografía: César Dorado

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“Se comienza con una cuchara y un plomo, posteriormente se compra un metro, serrote, metro, esmeril y, al ir más allá de lo que es obra negra, también se compran cortadoras de azulejo, cierras circulares y taladros”.

Cuando uno se acerca a preguntar para qué utilizan el plomo, él se resguarda el secreto y aunque parezca obvio, sólo responde “pues mira, nada más fíjate y ya”.  Lo mismo sucede con el hilo. Tarda algunos minutos en levantar una mocheta de block, pero entre ese detalle del hilo, el plomo y el nivel se lleva más tiempo. Aquellos elementos hacen que el buen albañil sea como un caballero templario; celoso, callado, observador y minucioso, para que nadie descubra sus secretos en la construcción y le agreguen valor a cada obra.

Fotografía: César Dorado

Fotografía: César Dorado

Si bien su trabajo engloba secretos, tradiciones familiares, historia, crisis y demás, a estos hombres llenos de coraje siempre se les verá con el mismo desprecio y se les regateará el trabajo por portar ropas sucias y comer entre la tierra bajo un sol ardiente.

Pese a ello, todos necesitarán de los albañiles, de sus secretos y de esa personalidad que sólo tienen ellos; cargada del coraje que les quita el miedo al escalar andamios y subir material por tendidos y escaleras poco estables.

Fotografía: César Dorado

Fotografía: César Dorado

Los albañiles son todo eso que necesitamos cuando algo no está bien en nuestra casa, son esos seres con manos desgastadas llenas de callos, cortadas profundas y golpes que, puedes sentir al momento de saludarlos. El albañil es aquel hombre del que siempre necesitarán en tu casa, aunque después sólo se le trate como a un olvidado más.

Fotografía: César Dorado

Fotografía: César Dorado