Por: Redacción/

El rector de la UNAM, Enrique Graue Wiechers, afirmó que la democracia, la libertad y la justicia fueron las aspiraciones del movimiento estudiantil de 1968, y las recientes manifestaciones de los universitarios también tienen esa esencia.

“La juventud quiere seguridad y esperanza; requiere expresarse y ser escuchada. Así hay que entenderlo y actuar en consecuencia. De ahí la importancia de conmemorar en estos muros al movimiento”, dijo durante la sesión solemne en la Cámara de Diputados, en la que se inscribió en letras de oro “Al Movimiento estudiantil de 1968”, en el Muro de Honor.

El movimiento, prosiguió, fue un grito de rebeldía contra el autoritarismo y la represión de un Estado insensible a los vientos de cambio que soplaban ya en diversas partes del mundo; una lucha por el derecho a disentir y por la libertad de expresión; por el respeto a las instituciones educativas y por el deseo de transformar nuestra sociedad.

Desde entonces, agregó el rector, esas voces han resonado en nuestra sociedad, sacudiendo conciencias e invitando a los mexicanos a participar.

Ante diputados de la sexagésima cuarta legislatura recordó que al movimiento iniciado por estudiantes se sumaron académicos y trabajadores de muchos centros de educación superior de la nación, quienes se toparon con un aparato de Estado indiferente e incrédulo en la juventud, que vio en sus genuinas manifestaciones las maquinaciones de una conspiración internacional encaminada a derrocar al régimen establecido.

“Hace 50 años, a los jóvenes nos tocó presenciar, con perplejidad y temor, cómo el Ejército ocupaba nuestras escuelas y sitios de reunión. Eran días en los que reinaba la zozobra y el desconcierto: el Estado no sabía qué hacer con las instituciones de educación superior, y nosotros no sabíamos qué hacer con la presencia militar en las calles y en nuestras instalaciones. Sólo podíamos indignarnos y protestar”, recordó Graue.

Luego sucedió la masacre inexplicable e inhumana de la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco.

“Por más comisiones de la verdad y fiscalías que se han creado, nunca nos ha quedado claro ni las razones ni el número de muertos que hubo, y muy probablemente nunca lo sabremos con certeza. Pero lo que sí supimos a partir de ese 2 de octubre, es que México se había roto, que algo terrible había sucedido y que no debería volver a suceder jamás”, añadió.

El movimiento estudiantil fue el gran punto de inflexión que dio lugar a una serie de ciclos de movilizaciones ciudadanas, cuyo aporte democrático nos lleva al México actual.

A la Universidad Nacional Autónoma de México le dejó la certeza de su autonomía para autogobernarse, y su defensa con convicción y firmeza. Además, reforzó su vocación por el análisis permanente de la realidad del país, de sus problemas y necesidades, y de su misión para contribuir a atenuarlos.

“El movimiento del 68 fue también germen de la reforma que en 1988 instauró un sistema político plural en el país, responsable de la alternancia democrática, y que detonó la concientización ciudadana por los derechos humanos.

Fue el sustrato inicial de los movimientos ciudadanos por la equidad de género; por los derechos de las comunidades indígenas; por el respeto al medio ambiente, a la libertad y diversidad sexual, y por la imperiosa necesidad de honestidad y transparencia que han encontrado la aceptación de la sociedad actual. Gracias a él somos más libres y con mayor conciencia social”, remarcó el rector.

A 50 años no estamos exentos de crímenes abominables que no han tenido respuesta satisfactoria, y sabemos que vivimos inmersos en una mayor violencia e inseguridad. “Pero hoy, con estas palabras inscritas en sus muros, se reconoce que algo se ha logrado y que mucho más hemos de lograr”.

El movimiento estudiantil de 1968, insistió Graue, fue determinante en la transformación de los procesos políticos y sociales de México, modificó el rostro de sus expresiones culturales y la creación científica y académica del país. Ahora, su inscripción en el Muro de Honor de la Cámara de Diputados nos afirma que nunca se habrá de olvidar.

“Ese México que levantó su voz, esos jóvenes golpeados y perseguidos, esa sangre derramada, esos presos a los que injustamente se les acortó su vida en libertad; todas esas muertes atroces, y todas esas luchas ciudadanas posteriores, se los agradecen”, concluyó el rector.

En la ceremonia solemne tomaron también la palabra el director general del Instituto Politécnico Nacional (IPN), Mario Alberto Rodríguez Casas, y el representante del Comité del 68, Félix Hernández Gamundi.