Autor Arnulfo Roque Huerta

En ocasiones controlar un grupo de aproximadamente 57 jóvenes puede ser un tanto complicado, estresante y hasta frustrante; más aún cuando el grupo no tiene la mínima intención de prestar atención, de aprender o mejorar su situación intelectual. Sin embargo es un reto que se debe tomar, un reto que no es fácil de abordar y mucho menos de superar, pero cuando se consigue nos llena de satisfacción y orgullo.

La verdad es más fácil decirlo que hacerlo, pero cuando se retoma lo básico de la educación los resultados son satisfactorios y el camino a la meta se simplifica. Pero entonces ¿Qué es lo básico? Para responder debemos mencionar la etimología de la palabra educar la cual es clara y precisa: “guiar o conducir al conocimiento” y eso es lo que un docente debe hacer, no tiene que encontrar el hilo negro sino solamente comprender el significado de la palabra y hacerlo efectivo.

Un profesor no necesita enseñar modales al alumno pues eso lo tiene que aprender en casa, sin embargo debe guiarlo en el entendimiento de que cada lugar en el que se desarrolle exigirá una manera de hablar y expresarse, por lo cual es necesario aprender a dirigirse con cualquier tipo de personas. El profesor tiene la obligación de guiar al alumno en el correcto uso del lenguaje pues es una realidad que así como se habla es como se piensa; ya lo dijo el escritor británico George Orwell: “Pero si el pensamiento corrompe el lenguaje, el lenguaje también puede corromper el pensamiento.”

Un profesor no necesita ser el psicólogo del estudiante buscando sacarle de sus problemas sociales, familiares o personales, pero si debe conducirlo a comprender que él mismo es capaz de resolver el sin fin de vicisitudes que la vida le presenta, le tiene que guiar a dejar de lado la autocompasión o la búsqueda de que alguien más lo compadezca, enseñándole a adquirir resiliencia y a ser su propio crítico y su propio impulsor. Friedrich Nietzsche decía: “Aquel que tiene un porqué para vivir, puede soportar casi cualquier cómo.”

Un profesor no requiere exigirle al alumno que sea responsable y dedicado; antes le conduce a comprender la importancia de estos dos valores, lo guía a disfrutar del resultado de aplicarlos y hacerlo responsable cuando no los emplea. Al hablar de esto no puedo pasar por alto una excelente frase de Abraham Lincoln: “Una persona responsable tiene una actitud de estima y respeto para con su propia persona y aporta esos mismos valores a las tareas en que participa. No puedes escapar a la responsabilidad de mañana evitándola hoy.”

El profesor no tiene que controlar al grupo, más bien debe conducirlo a interesarse por la clase a través de la pasión que el educando muestra al enseñar, del interés que ponga en sus alumnos y del conocimiento que comparta durante la sesión.

El profesor guía al alumno a ser mejor, a aprovechar las oportunidades, a adquirir la enseñanza, a ignorar menos y desear conocer más, a darse cuenta que aprender no es una obligación sino una necesidad, que la educación es la mejor estrategia para mejorar a las personas, a la sociedad y a las naciones.