Entrevista con Ignacio López Tarso Parte tresMutifacético, López Tarso, cantante de corridos… La voz de Vlad Drácula

Iganacio López

Por: Meztli Islas Vázquez, Aldo Herrera y Gustavo Ferreyra

“Yo no digo bla, bla, bla…” Así suena el doblaje del hombre serio y de mirada dura que a momentos sonríe durante la charla en su camerino.
Él, el serio Ignacio López Tarso, hizo la voz de Vlad Drácula en Hotel Transilvania 2, una de las películas más exitosas del verano pasado.
López Tarso da vida al abuelo de Mavis, la hija de Drácula. “Yo no digo bla, bla, bla…”.

Como si se tratara de experimentar los extremos de la actuación, el actor explotó su voz como cantante de corridos.

En esa etapa duró diez años. Cantó y aún lo hace, canta corridos revolucionarios. En los teatros de Estados Unidos, los mexicanos se le acercaban con lágrimas en los ojos después de lo que López Tarso les había hecho recordar sobre su historia.

“Le dediqué diez años a grabar los corridos y a viajar por todo el mundo de habla hispana con un acompañamiento formidable, estuve en España, Cuba, Santo Domingo, en todo Centro y Sudamérica, Estados Unidos lo recorrí varias veces. En el país del norte los mexicanos llenaban los teatros.”

Recuerda aún sorprendido: “¡Los españoles se saben la historia de México muy bien y en España todo mundo sabía quién era Zapata, Villa, Carranza, Madero, Felipe Ángeles, todos ellos!”

“Grabé 100 corridos en discos de aquellos grandes de pasta, ya no se usan. De esos tengo 8 LP´s con puros corridos”.

Señala sobre esta etapa que pocos conocen del primer actor.

Mientras pone atención a un ayudante que llega con el micrófono que utilizará durante la siguiente función de Aeroplanos, señala que “los mejores corridos, son los revolucionarios. Todos esos son hechos, narrados, pensados, escritos y cantados, en los pueblos por gente que no es conocida. Son corridos de creación popular, de gente que vio, los pensó, los hizo y los dio a conocer cantándolos por ahí en los pueblos, distribuyéndolos en hojitas de papel y así se fueron conociendo, de boca en boca, de pueblo en pueblo y nunca se supo el autor, esos son los mejores corridos, hechos por el pueblo mismo pero ¿Quién del pueblo? ¡Pues quién sabe!”

Cuando tenía alrededor de 16 años y vivía en Valle de Bravo, al terminar la secundaria, un amigo de la familia lo invitó a entrar al seminario para que pudiera continuar estudiando aunque sabía que él no quería ser sacerdote, fue ahí donde López Tarso aprendió latín.
Aunque señala que el latín es una lengua que ya nadie practica, también dice que “el español que hablamos nació del latín y del griego como base, de modo que aunque no se hable ninguno de los dos, son la raíz fundamental del idioma,  es bueno conocerlo para conocer tu idioma, las raíces griegas y latinas son importantes”.

Cuando se le cuestiona sobre su mejor recuerdo dentro de su andar como actor, él no sabe cuál escoger. Si bien no se muestra confundido, se nota indeciso. Eso es lo que pasa cuando a alguien le apasiona lo que ha hecho la mayor parte de su vida.

Después de meditarlo un momento, responde que uno de sus mejores recuerdos es de su primer obra “grande” en Bellas Artes.

Sin embargo, esta respuesta parece no satisfacerle del todo y piensa un momento. De inmediato se reincorpora y dice “pero no es el único, tengo muchos recuerdos muy buenos. En Bellas Artes, haber hecho el personaje estelar de Macbeth con la mejor actriz del teatro profesional que había en aquella época que era Isabela Corona, con ella en escena y con actores profesionales, a veces con gente que yo admiraba mucho y que estaba en la misma obra que yo con personajes más pequeños pero ese debut en el escenario de Bellas Artes por primera vez con esa gran escenografía de Julio Prieto”.

Comenta con un poco de nostalgia y enfatiza que en el caso de su debut en Macbeth se contaba con “gran vestuario, utilería, espadas, armas, escudos, cascos, todo esto, de muy buena manufactura y espadas realmente creíbles, no eran de cartón ni de madera, ¡sino espadas de acero y pesadas! En fin, esas representaciones primeras de Macbeth en Bellas Artes son unos de mis recuerdos más permanentes y más queridos porque fue el inicio de mi carrera en realidad con una suerte enorme para estar en Bellas Artes con una gran obra y un gran reparto”.

 

Y si bien ha tenido la fortuna de pertenecer a ese teatro en el que pocos han tenido el privilegio de participar, no todo es fácil para los histriones que requieren de grandes historias y personajes como es el caso de López Tarso “el actor está sujeto a que te contraten, eso es lo terrible, que generalmente uno no tiene medios económicos para hacer su propio teatro, cine o televisión. Tiene que estar contratado y eso es eventual, no siempre te contratan”.
Ahora, es bisabuelo y con mucho orgullo expresa de su hijo Juan Ignacio que es muy buen actor, “ha tenido muy buenos maestros, muy buena iniciación, de ahí que sea muy buen actor, le hacen falta grandes personajes y oportunidades”.

López Tarso, a sus 90 años no sueña, le gustaría que el teatro regresara a Bellas Artes. Se queda solo en su intimidad, en el camerino en el que se prepara cada noche para interpretar su personaje en la obra Aeroplanos. Frente al espejo, recordando, haciendo el trabajo mental para ejecutar su arte.

Vlad

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