Por: José Manuel Mota Fernández

La Comisión de Apelaciones expuso la falta de criterio que ronda la Comisión Disciplinaria y que impulsó un parón inédito en el futbol mexicano. No fue hasta que vieron que la huelga de los silbantes era en serio, que decidieron sancionar debidamente a los agresores sudamericanos que golpearon a los centrales.

Las interpretaciones ante esta situación son varias, pero la más certera es que la Comisión Disciplinaria está hecha un relajo y es uno de los órganos más inoperantes en el futbol mexicano, no considero creíble que un cabezazo y un manotazo, ambos claros, los hayan considerado como “intento de agresión”, cuando el contacto fue más que evidente.

La suspensión de la jornada 10 fue culpa de estas mismas personas y el chiste de sanción que decidieron darle a cada uno de los jugadores implicados, mismo que no iba más allá de los 10 partidos de suspensión para Pablo Aguilar de América y de los ocho duelos para Triverio de Toluca.

Evidentemente, la leve intervención del “organismo que imparte justicia”, molestó a los silbantes, quienes tomaron la mejor decisión que se ha visto en el futbol mexicano en los últimos tiempos. Parar la liga representó pérdidas millonarias para la Liga MX, dueños de equipos, patrocinadores, equipos y la Federación Mexicana de Futbol, todos aquellos que estaban en contra de esta decisión.

No era necesario llegar hasta estas instancias, si se hubiera castigado debidamente a los implicados desde un principio nada de esto hubiera pasado, la jornada 10 se hubiera jugado y nadie habría perdido económicamente, pero fue tanto su afán por medio cumplir y seguir generando grandes cantidades de dinero, el factor principal para que no ganaran nada.

Con relación a los árbitros solamente queda añadir que fue lo mejor que han hecho en la jornada y así como demuestran su unidad fuera de la cancha, demuéstrenlo dentro de la misma y hagan del arbitraje mexicano una referencia porque hasta ahorita, sus actuaciones han sido deplorables.