Por:Redacción 

Podemos reducir la pobreza mediante el uso de la tecnología con propósitos de educación y alfabetización, aseguró Dan Wagner al impartir la conferencia magistral Tecnologías para la educación y la alfabetización: ayudando a los pobres en la nueva era y los objetivos de desarrollo sustentable de las Naciones Unidas en la Biblioteca Vasconcelos.

El chair in learning and literacy en la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) destacó que investigaciones demuestran que la educación ayuda a que los niños dejen la línea de pobreza.

“Las cosas mejoran cuando tenemos personas que tienen educación. Un niño, por ejemplo, cuando emigra lo único que puede traer consigo es su conocimiento, aprendizaje y educación, parte de la cual será tecnológica.

“En el mundo hay población pobre, no es probable que desaparezca porque cada año aumenta la inequidad social, educativa y tecnológica, por lo que tenemos que hacer algo. Lo que sugiero es promover que las tecnologías jueguen un papel importante como proyectos de inclusión, equidad y alfabetización”.

En su conferencia, el director del International Literacy Institute añadió que desde hace 20 o 30 años se tenía la idea de que la tecnología iba a permitir a las comunidades en pobreza dar el leapfrog (salto de rana hacia adelante) y resolver para siempre sus problemas educativos y que sin embargo eso no ha ocurrido.

Esto a pesar de que Internet y especialmente el uso de los teléfonos móviles crece en todo el mundo, incluso en México, ya que han ganado terreno en los últimos cinco años, esto se observa porque el 95 por ciento de la población mundial cuenta con este tipo de aparatos.

“Sin embargo no hemos logrado el éxito que se requiere en la educación. Una dificultad particular por la que no lo conseguimos es que cada vez que se inicia un proyecto, generalmente en un lapso de dos años; es necesario desechar la tecnología o el sistema operativo que tenemos porque viene otro o en el caso de las bibliotecas porque se invierte en una laptop y de repente ya no se fabrica”.

El doctor en psicología por la Universidad de Michigan también compartió información publicada al precisar que en los últimos dos meses, con base en información de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), señala que solamente 10 por ciento de los hogares en México cuenta con computadoras en casa y el tiempo que pasan las personas en línea es de 100 minutos por día, estadística que no es sorprendente, “porque es evidente que no se tienen computadoras y quizá sus teléfonos no tiene acceso a Internet”.

Otra de las estadísticas que Dan Wagner reveló fue que entre más utilizan los niños las computadoras en la escuela o tienen acceso diariamente a Internet, más bajas son sus calificaciones de lectura, contrario a los niños que han utilizado una o dos veces la computadora e Internet, ya que son quienes tienen mejores resultados de niveles de lectura.

El consejero en la UNESCO igualmente conversó sobre uno de los problemas que se tienen con el uso de la tecnología: “estamos cada vez más enfocados en los dispositivos, cuándo se tendrá y qué podrá hacer por nosotros, y esto no debe ser así, ya que debemos estar enfocados a su propósito, para que a través de este aparato podamos enseñar a leer a alguien, capacitar maestros o dar acceso a una información específica”.

En su conferencia, Dan Wagner presentó tres casos en los que ha trabajado y en los que observó que, en comparación con hace cinco años, en la actualidad la mayoría de los proyectos tecnológicos invierten en dispositivos móviles, sobre todo en los teléfonos, “pero el problema que dan es que las pantallas son pequeñas, no todos tienen acceso a Internet y además cuesta mucho el tiempo de conexión que muchos no pueden pagar”.

El segundo estudio que abordó fue que en una sociedad multilingüe uno de los problemas es que los proyectos digitales tienden a hacerse principal y exclusivamente en el idioma oficial nacional y no en lenguas locales.

“Esto es malo porque los niños no pueden acceder a la información en su propio idioma, no lo pueden entender y sobre todo no aprenden a leer y eso hará que sea difícil el uso de la tecnología a fin de mejorar su nivel de alfabetización”.

El tercer caso fue el relacionado al MOOC (Massive Open Online Course) cursos que han crecido en todo el mundo, pero que, de acuerdo con Dan Wagner, tienen dos fallas: no son buenos en lo relacionado a involucrar al estudiante y sólo se enfocan en alumnos que ya han terminado una maestría o doctorado.

“Sin embargo los MOOC puede ser nuestro futuro, considerando los objetivos de desarrollo sustentable del milenio, ya que pueden ser diseñados para un público específico, quienes no tienen acceso a ellos o que no pueden pagarlos”.

A manera de conclusión, Dan Wagner comentó que para que la tecnología ayude a reducir la pobreza es indispensable saber más de las necesidades y deseos de la gente que vive en la línea de miseria, además de hacer contenidos en distintas lenguas y mejores mediciones del impacto de la tecnología para saber si el alumno está leyendo más y mejor.

“También se debe saber quiénes son la población objetivo o el usuario final, ya que la realidad es que en muchos proyectos el estudiante no lo es, incluso podría decirse y es debatible que suela ser el profesor el usuario final”.